Escrito por Josep Santamaría Lunes 05 de Julio de 2010 11:34

Finalmente ha llegado el momento en el que, tras numerosas prórrogas, la norma sobre la titulación de los entrenadores se aplicará a todos los efectos. Pero otra norma, nueva de este año, y que parece será de aplicación inmediata, ha sacudido de forma directa las bases de nuestro deporte en sus categorías no elitistas: la inclusión obligatoria de fichas sub-23 a razón de cinco en Nacional B, cuatro en Nacional A y tres en División de Plata.
Esta normativa que nos pretende equiparar con las divisiones amateur y semi-profesionales del fútbol, llega cuando paradójicamente en el deporte del 11 contra 11 la regla se torna más laxa, y puede dar al traste con las aspiraciones de muchos equipos de la parte baja de la pirámide que conformamos “los otros”, los del 40x20.
Pertenezco al Ye Faky FS-Fira de Tot Sants, un club de una localidad pequeña, Cocentaina, con clubes que practican otros deportes, y circundada por núcleos urbanos mayores (Alcoy, Ibi), por lo que la juventud se reparte con otras prácticas deportivas y los que despuntan siguen sus aspiraciones en otros clubes y categorías. El club se fundó en base a un grupo de amigos del instituto, y con el paso de los años se inscribió en categoría provincial. Actualmente militamos en la Nacional B alicantina, manteniendo la base de jugadores que fundaron el club, a estas alturas ya mayores de 23 años. Pertenecer a este club no se limita a entrenar y jugar: hay que buscar patrocinadores, hay que hacer carteles, rifas para recoger dinero, hay que preparar entrenos (nos hace de entrenador y nos dirige un jugador retirado-amigo que tiene la titulación adecuada), pagarnos los desplazamientos… la directiva son miembros del grupo de amigos… Pues que ahora nos obliguen a inscribir una tercera parte de las fichas con jugadores que ahora mismo no tenemos no hace sino decantar la balanza hacia la no inscripción para la próxima temporada. Año tras año hemos sorteado las dificultades deportivas y económicas que supone jugar en Nacional B siendo un grupo de amigos, pero la normativa sub-23 nos puede dar la puntilla.
He leído que el espíritu de esta norma es el de fomentar el deporte y la participación entre los más jóvenes… Estoy de acuerdo en el espíritu de la norma, pero no en el modo de aplicarlo. En mi opinión, los jóvenes sub-23 que tienen el nivel para jugar o ya juegan, o acabaran jugando en la categoría que les toca. La norma puede acelerar su incorporación al equipo, pero también que se incorpore gente por necesidad que no tiene tal nivel, por lo que no jugará por mucho que se le haya hecho ficha. Y todo eso a costa de… dar la baja a gente que ya tienes en el club que es válida; porque es así de crudo: hay que dar la baja a miembros de la plantilla, y habrá que hacerlo cada año, por el hecho de tener que hacer fichas sub-23. Esto puede comportar que baje el nivel, que equipos gasten dinero en vano, que se juegue con menos jugadores. En nuestro caso, y entendiendo que podemos ser un club atípico, dar de baja a gente válida y comprometida con el club para fichar “lo que sea” por ser sub-23 , es un claro ejemplo de lo antes comentado: disminución de nivel, gasto de dinero estéril, plantilla corta… En esas condiciones, ¿vale la pena inscribirse? ¿Tiene sentido deportivo participar en Nacional B? ¿O quizá debamos aceptar que con la nueva configuración y nuestras condiciones no podemos participar en la categoría que deportivamente nos corresponde?
El fútbol sala está federativamente pisado por el fútbol. Es decir, pertenecemos a la Federación de Fútbol, a nivel nacional, europeo y mundial (todos hemos oído aquello de las normas FIFA), y las consecuencias de ser el hermano proscrito del “deporte rey” parece que son éstas. Personalmente no puedo esconder mi decepción y desengaño, aunque espero poder ver el nombre del Ye Faky entre los clubes inscritos para participar de este circo en la temporada 2010-2011.
Pertenezco al Ye Faky FS-Fira de Tot Sants, un club de una localidad pequeña, Cocentaina, con clubes que practican otros deportes, y circundada por núcleos urbanos mayores (Alcoy, Ibi), por lo que la juventud se reparte con otras prácticas deportivas y los que despuntan siguen sus aspiraciones en otros clubes y categorías. El club se fundó en base a un grupo de amigos del instituto, y con el paso de los años se inscribió en categoría provincial. Actualmente militamos en la Nacional B alicantina, manteniendo la base de jugadores que fundaron el club, a estas alturas ya mayores de 23 años. Pertenecer a este club no se limita a entrenar y jugar: hay que buscar patrocinadores, hay que hacer carteles, rifas para recoger dinero, hay que preparar entrenos (nos hace de entrenador y nos dirige un jugador retirado-amigo que tiene la titulación adecuada), pagarnos los desplazamientos… la directiva son miembros del grupo de amigos… Pues que ahora nos obliguen a inscribir una tercera parte de las fichas con jugadores que ahora mismo no tenemos no hace sino decantar la balanza hacia la no inscripción para la próxima temporada. Año tras año hemos sorteado las dificultades deportivas y económicas que supone jugar en Nacional B siendo un grupo de amigos, pero la normativa sub-23 nos puede dar la puntilla.
He leído que el espíritu de esta norma es el de fomentar el deporte y la participación entre los más jóvenes… Estoy de acuerdo en el espíritu de la norma, pero no en el modo de aplicarlo. En mi opinión, los jóvenes sub-23 que tienen el nivel para jugar o ya juegan, o acabaran jugando en la categoría que les toca. La norma puede acelerar su incorporación al equipo, pero también que se incorpore gente por necesidad que no tiene tal nivel, por lo que no jugará por mucho que se le haya hecho ficha. Y todo eso a costa de… dar la baja a gente que ya tienes en el club que es válida; porque es así de crudo: hay que dar la baja a miembros de la plantilla, y habrá que hacerlo cada año, por el hecho de tener que hacer fichas sub-23. Esto puede comportar que baje el nivel, que equipos gasten dinero en vano, que se juegue con menos jugadores. En nuestro caso, y entendiendo que podemos ser un club atípico, dar de baja a gente válida y comprometida con el club para fichar “lo que sea” por ser sub-23 , es un claro ejemplo de lo antes comentado: disminución de nivel, gasto de dinero estéril, plantilla corta… En esas condiciones, ¿vale la pena inscribirse? ¿Tiene sentido deportivo participar en Nacional B? ¿O quizá debamos aceptar que con la nueva configuración y nuestras condiciones no podemos participar en la categoría que deportivamente nos corresponde?
El fútbol sala está federativamente pisado por el fútbol. Es decir, pertenecemos a la Federación de Fútbol, a nivel nacional, europeo y mundial (todos hemos oído aquello de las normas FIFA), y las consecuencias de ser el hermano proscrito del “deporte rey” parece que son éstas. Personalmente no puedo esconder mi decepción y desengaño, aunque espero poder ver el nombre del Ye Faky entre los clubes inscritos para participar de este circo en la temporada 2010-2011.






